Blogia

SAUDADE

BCN

He vivido un fin de semana bastante intenso, no tengo mucho tiempo para contar todos los detalles porque me quedan dos días en el antiguo trabajo y estoy con mil cosas a la vez, quizás a partir del cambio no pueda pasarme por aquí más que los fines de semana desde algún cybercafé, sé que se avecina una tormenta de nuevas funciones que me mantendrán bastante ocupada, incluso no creo me permitan entrar en internet.
Voy a centrarme en esos tres días largos en Barcelona que empezaron con una gran sorpresa agradable. La razón del viaje fue, cómo no, el concierto el viernes de Depeche Mode en el Palau. Me asombró la inmensidad de la Ciudad Olímpica (que apenas conocía) y lo bien que hacen las cosas estos catalanes. Tras cambiar mi entrada de grada por una de pista, saltar sola un par de vallas y colarme con riesgo a que “unos hombres grandes” me echasen de allí conseguí acercarme hasta la pasarela y contemplarlo todo desde una distancia de dos metros, ¡increíble! Tengo claro que si este año existe alguna oportunidad más de volver a verles será desde pista, lo disfruto mucho más, aunque el cansancio posterior, tras liberar tanta adrenalina, sea brutal (apenas fui capaz de aguantar un par de horas en pie tomando algo en un bar tras el concierto).
El sábado me llené los pulmones de mar con lo cual conseguí recuperarme por completo. Callejear por esa ciudad me vuelve loca, no sé si porque no vivo en ella la ensalzo demasiado pero realmente me encanta su barrio gótico, sus ramblas, sus vistas, su mezcla de gente... Por la noche obligatoriamente había que pisar y bailar en el Razz, sigo preguntándome por qué no existe un local así en Madrid, es imposible irse antes de que echen el cierre. Así que, tras una cena en un bar con dueños gallegos que terminaron invitándonos a chupitos de hierbas, nos dirigimos hacia el metro de Marina. Sin tener que soportar esa cola que daba la vuelta a la manzana entramos, emocionados por estar por fin allí. Amable y Gato contemplaban desde su cabina, una noche más, cómo una multitud se volvía loca con cada uno de sus temas. Nos despedimos de todos y lentamente volvimos a casa. La vuelta fue dura pero quizás en breve estemos de nuevo recorriendo esas calles que ya forman parte importante de nuestros recuerdos musicales.

Resaca

Algún comentario más sobre el concierto del lunes...

No había pisado el Pabellón desde su remodelación y me llevé una grata sorpresa. Conseguí las entradas la semana antes y temía que desde esa grada que nos había tocado no viésemos nada. No fue así, la ubicación era perfecta, a la derecha del escenario. A pesar de que prefiero (casi siempre) estar en pista, no puedo evitar que se me pongan los pelos de punta al ver a 15.000 personas desde arriba, agitando los brazos al mismo tiempo, igual de emocionadas que yo.
La escenografía futurista era bastante simple quizás para que, una vez vista, centrásemos toda la atención en ellos, en cada uno de sus movimientos y complicidad, porque (para mi uno de los mejores detalles) esta vez sí la hubo y vaya si me gustó. Martin y Dave “bailaron” juntos, se abrazaron, incluso Dave le hizo tremenda reverencia a Martin tras volver al escenario después de sus ovacionadas y consecutivas Damage people y Home. Como colofón de todo, el dúo, sobre la pasarela que se alarga entre el público, cantando Goodnight lovers. Podría haber sido otro final (por ejemplo invertir el orden de las dos últimas y terminar con el impresionante movimiento de brazos al ritmo de Never let me down again) pero no había sido tan emotivo como ese, con mensaje luminoso de LOVE incluido.
Tampoco voy a cortarme a comentar lo bien que ha “envejecido” Dave, con sus ajustados e imprescindibles pantalones negros, sus tatuajes tras quitarse esa chaqueta y chaleco en la tercera canción, su energía (no paró de moverse, contonearse, girar, bailar – como todos nosotros- durante las dos horas que pisó, con esas ¿botas? de tacón, cada recodo del escenario), en definitiva su CARISMA... imposible de describir, en serio. Martin, vestido de pseudo-ángel con alas negras, también brilló con luz propia, varias veces coreamos su nombre... me dejó muda en Shake the disease...
El orden de las 21 canciones fue el previsto, ni un cambio, pero que las conociese de antemano no le restó ni un segundo de magia, oscura, atormentada y rebelde, que es la que realmente me gusta.

Ayer alguien me llamó desde el concierto cuando sonaba Everything counts y se me removió todo, de nuevo estoy atacada... ya queda menos para el viernes.

Magia

Un estado de euforia como el de ayer me impide recordar todos los detalles de la puesta en escena, provocando que me evada de todo lo que me rodea, sólo me concentro en percibir cómo cada nota se filtra por mis poros y me dilata las pupilas.
Llegamos un poco antes de la hora. Los alrededores del Pabellón (y sus bares) estaban llenos de gente. Entramos justo en el momento en que empezaban a sonar los teloneros, The Bravery. Como he comentado alguna vez, ese tipo de grupos me enganchan bastante por la energía que transmiten, temas que hacen bailar mientras arañan guitarras. Muy comerciales, más de lo mismo, es la moda, puede ser... pero me gustan. Tocaron apenas una hora.
El pulso continuaba acelerado, llevaba toda la tarde a una velocidad desorbitada, empezaban a sudarme las manos mientras me las frotaba una y otra vez. Con exquisita puntualidad se apagaron las luces. A partir de ese momento no fui consciente de nada, todo sucedía demasiado deprisa para ser capaz de asimilarlo. Sin parar de aplaudir, saltar, sonreir, cantar y gritar hasta que se despidieron abrazados con Goodnight lovers. El orden de las canciones fue exactamente el previsto, sin cambios de última hora, me quedaría con Walking in my shoes, Word in my eyes, Enjoy the silence, Everything counts y Never let me down again por decir algunas.
Lo mejor: comprobar que el paso del tiempo no ha restado ni un ápice de energía al grupo en sus directos. Lo peor: las que no sonaron.

If you try walking in my shoes...

De nuevo un nudo en el estómago, es el aviso inconfundible de que algo grande va a pasar. “Es sólo un concierto”, pienso tratando de restarle importancia, pero miento, porque sé que desde el momento en el que escuche la primera (“A pain that I’m used to”) no voy a dejar de SENTIR, sin tapujos, libremente, como muy pocas veces ocurre en la vida. No creo en las expectativas defraudadas, en este caso NO.
Y estas líneas no son más que un esbozo...

"Versos de luz" (Luar na lubre)

Xa falei con quen tiña que falar e comuniquei a miña baixa voluntaria, foi sinxelo, sen réplicas nin reproches. Fin dunha etapa. De súpeto lembrei estas estrofas...

Tal vez penses que nada cambiou
(qu)e de ningún dos esforzos
ves resposta hoxe
pero pouco a pouco
algo se move
e o sol, con versos de luz, avanza
atravesando as nubes
espertando a paisaxe
por entre os feixes de arumes
algún froito nace

Tralas nubes
versos de luz
quedan as pegadas
do que outros xa fixeron
tralas nubes
versos de luz
a historia nos agarda
i é noso o tempo
quedarán pegadas
do que estamos facendo

As cousas nunca se cambian de golpe
Pero non podes cansarte
Non quedes durmido
Porque o desta viaxe
Non é un camiño
Son mil, i hemos de andalos todos
E imos avanzando
Sen un soio silencio
Que o vento segue soprando
I este é o noso tempo

Tralas nubes
Versos de luz
Chaman a (marcan) un futuro
Que non está tan lonxe
Tralas nubes
Versos de luz
Hai que cambia-lo mundo
Botar fora ó podre
Porque hai un futuro
E non está tan lonxe

Hecho

Me marcho. Hoy me he levantado y lo he decidido. He llamado a la empresa y les ha parecido bastante mal que no les hubiese avisado ayer pero al final me han dicho que la oferta seguía en pie. El lunes (hoy no está el director financiero) lo diré aquí. Serán duros estos quince días pero lo peor ha sido tener que elegir. Lo que venga lo aguantaré hasta que cierre esta puerta definitivamente. Deseadme suerte. La necesito de verdad.

"Waiting" for the angel (DM)

No pensaba ir al de Madrid y hoy han salido a la venta más entradas... como siempre me avisaste de que todavía tenía posibilidades de abrir con ellos la gira por aquí y emocionarme con su primer concierto. Es increíble pero, si todo sale ok, les veré ¡dos veces en la misma semana!
El otro día alguien me comentó que le encantaba la ilusión que le ponía a las cosas, que la contagiaba a los demás, no creo que me ocurra con todo lo que hago pero hay momentos como estos en los que doy saltos de alegría.

Mil historias

J. ya no estaba. El miércoles pasado dormía entre cartones cerca de Ópera. Llevaba poco tiempo por allí. Nos dijo que solía frecuentar otra zona, que era la primera vez que pasaba la noche al lado de las estatuas guardianas del Palacio Real. Escuchamos su historia. Fue la que más me impactó de toda la ruta, es más, estuve pensando en él durante toda la semana, tenía ganas de verle ayer, saber que había hecho estos días, cómo había pasado las noches y si se encontraba mejor. Pero nada, hueco vacío. Ojalá no volvamos a vernos porque eso significará que ha dejado la calle, que ya no tiene los pies y el alma fríos y que ha dejado de llorar.

Grandes esperanzas

Quiero haceros partícipes del mar de dudas en el que me encuentro sumida y del que tengo que salir lo más rápido posible. Me han ofrecido otro trabajo. He superado las entrevistas y ya he conocido a la que sería mi jefa. La empresa no está mal, al menos eso parece, una consultoría de franquicias. El problema radica en que tampoco existen grandes diferencias en salario y condiciones con respecto a lo que tengo ahora. Si al final decidiese marcharme (no tengo mucho tiempo para pensarlo) sería por el ambiente enrarecido que respiro aquí, que ya me asfixia, porque no existen grandes posibilidades de “ascender” o aprender cosas nuevas que me ilusionen. Sé de sobra que necesito un cambio (vosotros habéis comprobado cómo me encuentro laboralmente de un tiempo a esta parte) pero no sé si es esa la empresa en la que me voy a encontrar a gusto y motivada de nuevo o si debo esperar a que surja otra cosa. La verdad es que esta vez (ya he rechazado un par con anterioridad) la balanza se está inclinando hacia el lado de la puerta de salida.

Brokeback mountain

El sábado fui a verla. Con Boris entre el público, levantándose y sentándose unas cuantas veces quizás para que se notase su presencia. B. y yo elegimos Renoir Cuatrocaminos porque ese cine nos encanta. No había querido leer ninguna crítica para no ir con ideas de otros en la cabeza, simplemente había oído que era bastante buena. Y, para mi, acertaron 100%.
Hacía tiempo que no me emocionaba tanto frente a la pantalla grande, lo digo en serio, da igual que de que tipo de amor imposible se trate, homosexual o heterosexual, la cuestión es que te desgarra su dolor sin poder evitarlo. Sí, lloré, pero no de forma sensiblera o ñoña sino a corazón abierto, sin importar que me viesen los de la fila de al lado por estar en la esquina del pasillo. Me dejó muda la escena en la que por fin se confiesan sin tapujos lo que sienten y cómo la distancia (física y espacial) les está matando y destrozando la posibilidad de una vida "ordenada". Mezcla de caracteres, de clases, de mentalidades...¿y qué?...nada importa cuando se quiere a alquien de esa forma.
Si podéis, optad por la versión original, me han comentado que el doblaje es bastante malo.

"Song to say goodbye" (Placebo)

Vaite choiva,
Vaite saudade,
Vaite recordo adherido,
Vaite sombra,
Vaite noite,
Fóra!

"Let's break the night with colour" (Richard Ashcroft)

Mi inconformismo me está matando lentamente. Hoy tengo ganas de llorar. Rabia en la garganta. Puños apretados. Losas en el corazón. Hablo de trabajo, no sé si existe alguno que me pueda ilusionar, lo que está claro es que el que tengo ahora no lo consigue. Me pregunto si tengo parte de culpa, si no es sólo porque las condiciones hayan empeorado (hoy me he caído porque el suelo estaba helado y venía preocupándome de la mochila con la que cargo todos los días) sino también influye que siempre esté buscando otras cosas, cuando consigo una ya estoy pensando en la siguiente. Llevo en esta empresa más de año y medio, me ha servido para descansar del estrés de un despacho al que vendía mi vida minuto a minuto, apenas tenía tiempo para darme cuenta de que me estaba quedando sin él. Ahora quiero algo que me llene más durante esas ocho horas como mínimo que deberé dedicarle cada día. El problema es que no sé si existe o si todo acabará por decepcionarme a largo plazo. Empiezo a estar cansada de la melancolía (que no pesimismo) gallega y de la incapacidad de conformarme, dos rasgos predominantes en mi personalidad. A veces pienso que debería darle a todo un corte brusco y empezar en otro lugar...

Asocial

No sabéis cuánto me molesta encontrarme por las mañanas, en la parada del autobús (el único medio de transporte que la mayoría podemos permitirnos para llegar a las nuevas oficinas) a otros compañeros de trabajo. Sí, es toda la verdad, a esas horas no me apetece hablar, que interrumpan mi autismo, que tenga que sacarme los auriculares para no decir nada. Antes no ocurría porque cada uno llegaba de forma diferente pero ahora es inevitable y no lo soporto. Invaden momentos en los que quizás esté tratando de arreglar el mundo en mi cabeza mientras, al mismo tiempo, reflexiono sobre el sueño que he tenido la noche anterior. Ya me habían robado los minutos en los que era feliz mojando en el café las galletas del desayuno y ...¡ahora esto!

Agasallos

Acabo de darme cuenta de que hoy, sin pensarlo, me he puesto los dos regalos que he recibido estas navidades de mi madre y hermano. Lo mejor, sin duda, ha sido el cariño con el que están hechos y elegidos respectivamente esos dos detalles pensados para mi.
Quizás mi subconsciente, tomando sus propias iniciativas, haya decidido que los tenga cerca, a modo de amuleto, y así poder cargarse con un poco de energía positiva en medio de este maremagnum de incertidumbre que le rodea últimamente.

¡Seamos claros!

Ayer mientras paseaba de un lado a otro por la casa, yendo y viniendo de la cocina al salón, del salón a la habitación, de vuelta al salón, con la excusa de ir a buscar no sé bien que cosas reflexionaba con indignación sobre una serie de comentarios que acababa de oír, relativos a la integridad de las personas. Siempre me ha desconcertado la gente sin criterio definido, quizás porque yo sea, lo reconozco, demasiado radical en eso (a veces creo que me paso), pero es que no puedo entender a quien defiende una cosa pero si se presenta una ocasión en la cual tiene que demostrar dichos valores, de repente le tiembla el pulso y se une a la masa, trastabillando y echando por tierra las bases sobre las que se supone que sustenta su personalidad. Me refiero a situaciones que aceptas sumisamente pero que por detrás criticas o a personas que no soportas pero tratas hipócritamente bien (ojo, no hablo de no ser educado, eso siempre, sino de aparentar amistad del alma).
En lo que a mi respecta asumo que tampoco me comporto correctamente porque a ese tipo de personas que intuyo que son así no les doy muchas oportunidades (a la hora de conocerles), las “descarto” automáticamente, intento ser diplomática con ellas pero me dan ganas de preguntarles por qué se contradicen tanto en sus ideas de la noche a la mañana.
La cuestión es que ayer, sin saber bien por qué me sentí, de nuevo, un poco sola.

"The lights"

Primer fin de semana siendo y estando, o quizás meras intenciones. Viernes, redonda luna rasgando la noche, energía contenida con ganas de canalizarse. Visitas previas a escapadas fugaces. Banda sonora estridente mezclada con gotas de alcohol. Conversaciones para ponerse al día tras el parón. Portazo apresurado que nos empuja al metro. Descubrimiento de bares forrados de naranja. Extraños con ojos de búho. Adiós, cambiamos ámbar por negro. Privilegios frente a estatuas que forman una fila. Amables sonidos desencajan una pista sembrada de cristales, algunos se cuelan en mi bota pero no duelen porque no es el momento. Sonrisas forzadas, otras no tanto. Búsqueda infructuosa entre las sombras espasmódicas, no, no eres tú. Se cae el telón antes de lo esperado y ya no se oye nada.
Me abrigo de mi misma, se enciende la luz.

Sábado desierto de planes improvisando notas sobre la marcha. De nuevo un fondo naranja con proyecciones del viaje de Chihiro. Hoku vuela y suena Maga. Alguien confiesa en un oído que se ha enamorado de mi bella acompañante de ojos platino. Hace tiempo que los gatos dejaron de ser pardos. Agito mi conciencia por si descubro algo pero creo que ha tomado trankimazín y no responde. Las princesas bailan solas y camaleónicamente me camuflo entre ellas haciendo uso de esa terapia sanadora de vacíos. Giros sin eje apoyados en miradas de desconocidos. Es temprano sin embargo se hace tarde para estar sobria, vámonos a ninguna parte.
Trato de abrigarme otra vez pero se ha roto la bufanda, es la hora de las almas congeladas... se ha fundido la bombilla.

Disco del día

Disco del día

Estoy enganchada completamente a este disco "Siberia" de Echo & The Bunnymen. Después del gran concierto en el Primavera Sound (en mi opinión uno de los mejores del 2005) este grupo forma parte de "mis imprescindibles".

Amaneceres

Viajo con los ojos cerrados. Elijo cuidadosamente cada mañana, sin repetir, la banda sonora para ese trayecto de más de una hora porque sé que mi subconsciente, más receptivo que en ningún otro momento del día, la va a repetir incansablemente hasta que vuelva al punto de partida.
Tras incontables paradas consigo un asiento y me acurruco envuelta en la bufanda tejida mezclando cariño con lanas de colores. A veces me gustaría que ese trayecto no terminase nunca, sonámbula hacia ninguna parte, rodeada de desconocidos a los que apenas presto atención salvo cuando, con ojos entrecerrados, intento averiguar en qué parte de la sempiterna oscuridad me encuentro.
Sin saber bien cómo me incorporo y camino al ritmo de mil pasos, un traspiés sería fatal así que intento no tropezar con esa cascada de escalones grises que sube y baja a la vez.
Por fin respiro, el viento siempre es fuerte en las alturas, por unos segundos se desvanece mi sopor zarandeado por ráfagas de una vanidosa brisa que me obliga a abrocharme los botones del alma. Esquivo prisas, empujones, miradas, letras arrugadas de diarios matutinos, apuro el paso oteando un horizonte de números fluorescentes con destino. Elijo el mío. Comienza otro trayecto, esta vez más lento, arranca, frena, arranca, frena, arranca, arranca, ¡arranca!
Pitidos que alertan llegadas, ya estoy, un día más. Camino el último trecho con tejado de nubes naranjas y parqué de barro.

Próxima estación... esperanza.

Hormigueos

Por primera vez, pensando en la posibilidad de volver a vivir en el norte, sentí un escalofrío. Por supuesto que mi sitio está allí, reservado para cuando desembarque con ganas de quedarme, pero ya no tengo tan claro que pudiese prescindir, sin mirar atrás, de muchas de las personas que me rodean últimamente.

Bo Nadal

Aunque suene bastante infantil, estas navidades he vuelto a creer,

- como una niña, en Papá Noel, porque uno muy grande vino a buscarme a casa en Nochebuena (no es broma) y me dio un beso de buenas noches. También intentó que me sentase en su regazo pero “sentí miedo” y me escapé.
- en las sorpresas agradables.
- en los reencuentros.
- en mi ángel de la guarda, al que no veía (y tampoco bromeo) desde hacía dos años y medio.
- en los guantes cortados mezclados con máquinas recreativas.
- en la magia de la noche de fin de año compartida con amigos hasta altas horas del día siguiente acostándome agotada pero con una sonrisa porque por primera vez he escuchado la música que adoro durante toda la noche, ¡sí!
- en las “películas” en casas ajenas las noches de domingo.

Se han apagado las luces de colores pero todavía me brillan los ojos al recordaros a todos. Ya os echo de menos.
AHORA empieza un nuevo año...