La compañera número cuatro ya se ha instalado en nuestro hogar. Es una más. Todavía no me ha dado tiempo a conocerla en profundidad pero me aventuro a afirmar que, en bastantes detalles, me recuerda a mi cuando desembarqué en Madrid (aunque en otros creo que estamos en extremos opuestos). Su cara inocente con mirada de asombro es muy parecida a la que veo en aquellas viejas fotos que me saqué aquí hace unos cuantos años. Ese rostro infantil se ha ido transformando en uno adulto donde se mezclan seriedad y alegría, astucia y franqueza, desconfianza y tranquilidad, esfuerzo y cansancio, todo ello "adornado" con alguna arruga en la frente visible cuando mi malhumor me hace fruncir el ceño. Es increíble cómo te modelan las circunstancias, tu materia prima es inmutable, única, pero con el tiempo va adquiriendo su forma, la vida sopla y el barro se va secando, se convierte bloque rígido y frágil que si se golpea con algo es posible que se astille o que se rompa algún trozo que aunque se pueda pegar ya no quedará igual. A mis 28 ya he recogido unos cuantos pedazos.
Cuando la viguesa me preguntó si podía quedarse en nuestra casa durante tres semanas (nada más y nada menos) sin pensarlo dije que sí, le expliqué que allí tenemos colchones y que a mi sinceramente no me importaba compartir mi habitación, mi espacio y mi tiempo con ella, que si no le resultaba incómodo dormir en el suelo durante tanto tiempo no había más que hablar. Se vino. Pensé que se haría largo pero no ha sido así, este viernes se marcha. Uno de mis grandes defectos, soy absolutamente consciente de ello, es mi carácter (a veces) extremadamente independiente, la necesidad de ir a mi aire y de que respeten mi temporal autismo. Esto provoca que en ocasiones resulte distante y fría, que no me integre en un plan porque tenga otro (en el que sólo estoy yo, conmigo misma) y eso choque a los demás, como si les despreciase o algo así. Es una rara necesidad de oxígeno, si no la satisfago me ahogo. Por eso creía que no iba a superar la larga convivencia... erré. No ha supuesto ningún esfuerzo, es más, me ha gustado bastante. Echaré de menos levantarme despacio por las mañanas, haciendo el menor ruido posible para no despertarle, andar de puntillas y encender solamente la pequeña luz de la mesilla. Volver de trabajar y que me cuente qué tal ha ido el día. Ha caído bien a todas y ya le han insistido para que vuelva. Ha sido un "autoexamen" para mi y lo he aprobado con nota. Quizás no sea tan independiente como creía...
A veces le doy a la pestaña de "escribir artículo" sin saber bien de qué voy a hablar, me paro unos segundos, veo el cielo por la ventana de la oficina y espero a que me llegue una idea para redactarla deprisa. Supongo que en ese momento me encuentro ahora. Me gustaría poder parar y escribir con calma pero no tengo internet en casa así que me conformo con robar unos minutos al trabajo. Este blog es mi forma de pensar en voz alta sin pronunciar una sílaba, sin oirme a mi misma vocalizar palabras que sé que muchas veces se atascarían antes de salir de mis labios. Es también una memoria supletoria de sensaciones, que ayudará a la mía, que ya está bastante coja, cuando empiece a fallar con más frecuencia. Todo ello con una banda sonora de fondo, la de los discos y canciones que descubro o recupero para plasmar una idea, un estado de ánimo... el de hoy es incertidumbre.
Ayer cayeron las primeras pingas desde abril. Saqué las macetas a la terraza para que disfrutasen un poco de las vitaminas concentradas en cada gota. Me encanta el olor a tierra mojada, la humedad que rezuma cuando le acaricia el primer chaparrón, es como si agradeciese recibirlo perfumando el ambiente. En Galicia, mi habitación es interior, da a un patio de luces con tejados de aluminio que protejen la ropa recién tendida de los imprevisibles chubascos, muchas noches me duermo escuchando la melodía dulce de la lluvia al caer, es una nana gallega, echo tanto de menos esa canción de cuna...
Hoy he leído, a través de diferentes fuentes, varios comentarios sobre optimismo y/o pesimismo. Una de ellas era un mail en el que alguien me confesaba que si no participaba demasiado en este blog era porque su visión optimista de la vida le impedía comprender "mis oscuridades". Una vez escribí por aquí que la razón de tanta saudade es que soy egoísta guardándome los mejores momentos para disfrutarlos en privado, exponiendo sólo lo que más me duele a modo de terapia liberadora de pesos pesados. Llevo haciendo eso (emborronando diarios, hojas sueltas, cuadernillos, servilletas,...) desde que aprendí a coger un lápiz y creo que es una forma estupenda de evitar una úlcera. Me gustaría que entendiéseis (aquellos que no me conozcáis) que no soy tan gris como parece, que sonrío cada mañana al saborear las galletas del desayuno.
Luces... Que te sorprendan con un regalo, un concierto después de mucho tiempo, números de teléfono desconocidos, confidencias recorriendo la ciudad bajo la luz anaranjada de las farolas, largas sobremesas con café, salir sin planes, las risas ajenas, encuentros inesperados con resultados esperados, pulsaciones aceleradas, los domingos en esa plaza.
Sombras... Infructuosas búsquedas con la mirada que chocan con vacíos, dolores de cabeza, insomnios, colas de gente en los sitios de siempre, bloqueos con huída que se repiten una y otra vez, ardor de estómago, despedidas apresuradas, esquemas mentales de recuerdos desordenados, arrastrar los pies, poder y no querer.
Todavía no se ha instalado en casa la nueva inquilina, en teoría llega hoy, pero el fin de semana volverá a Bilbao. Estamos impacientes. Ayer nos sentamos las tres habitantes & Paula, la viguesa (que se ha adaptado perfectamente a nuestra rutina y charlas presueño), en los sofás del salón para ver la proyección de las diapositivas de la compañera nº 1, unas fotos impresionantes tomadas desde uno de los edificios más altos de Madrid. Me encantaron los tejados de las casas bajas, encerrados entre torres, como pequeñas aldeas refugio en medio de la jungla. Le pedí alguna de esas vistas de pájaro como recuerdo para cuando me vuelva al norte. Dijo que sí.
****************************************** - ¿Qué tienen los tejados de Buenos Aires que no tengan los de Madrid? LLevo preguntándomelo desde la primera vez que se lo oí decir a Hache. - Tendrías que mirar bien los de Madrid y luego venirte a Buenos Aires y te darías cuenta. Hache lo dice: los tejados de Madrid son prolijos, tienen tejas, son armónicos,etc. Los de Buenos Aires suelen ser terrazas planas en las que se mete lo que sobra, tanques de agua, ropa colgada. Dan la sensación de que sobran, de que están hechos porque no había más remedio.
Buceando por internet encontré un artículo que me recordó a una persona y a un libro. El primero ya no vive en Madrid pero en su momento jugó un papel muy importante en mis encuentros y desencuentros con la urbe, el segundo fue su regalo, dijo que me "marcaba un gol" abriéndome los ojos a un escritor como ese, que dosificara su lectura y la paladease. En la oficina tengo colgada la lámina del cuadro que da título a la obra. Mi compañera de trabajo la vio y dijo que también la quería así que el día de su cumpleaños le transmití la ilusión (junto con el texto y la lámina plastificada) con la que me la habían regalado a mi.
Un desconocido en un bar a altas horas de la madrugada del sábado trataba de resultar interesante, nos vió entrar y se acercó a los pocos minutos, conversación típica. Estaba al 100% de mis facultades, lucidez total porque el zumo no suele hacerte perder la consciencia, lo cual resulta insoportable si tienes que escuchar ciertos comentarios. Es entonces cuando saco los cuchillos afilados, me veo a mi misma poniendo la sonrisa irónica y preparando la retahíla de respuestas cortantes. Me escucho diciendo educadamente que no se esfuerce en preguntarme cosas porque "la noche es mentira y yo también lo soy", estoy representando el papel de fría calculadora y lo llevo hasta el extremo. No desistía, mis respuestas le parecían cada vez más inteligentes, reconozco que me esforzaba en retorcerlas y complicarlas, inclusó le comentó a las demás que estaba "entusiasmado" con mi sutil bordería. Cambió los piropos por la filosofía. Yo me regodeaba por dentro en uno de los pocos momentos en los que soy capaz de sentirme "superior", por encima de toda esa situación. Intentó pedir mi teléfono, intentó que nos quedásemos más tiempo, intentó, intentó... cuánta energía malgastada. Recogimos velas, estábamos agotadas, la conductora nos llevó a casa, de camino nos reímos un poco más de lo absurdo que es a veces todo, yo me reí de mi misma y de mi privada fiesta de disfraces.
El sábado nuestro ex-compañero de piso daba una fiesta, inauguración de su nueva casa & celebración de cumpleaños (por adelantado), allí fuimos, las (todavía) tres habitantes y una viguesa despistada que se va a quedar con nosotras hasta finales de mes. Aparcamos y timbramos al sexto, una voz extraña nos invitó a subir. En realidad no están en esa planta sino en el 5 y 1/2, lo digo en serio, salimos del ascensor y escuchamos otra voz que dice: "eh, bajad, que es por aquí". Entramos con curiosidad, pasillo largo, banderas colgadas por las blancas paredes, habitación de la chica, cocina, baño, salón con gente que nos saluda levantando sus copas y habitaciones de los chicos a cada lado. A él le ha tocado la grande, cama de matrimonio y armario empotrado. Se me hacía raro ver sus cosas desperdigadas por allí cuando hace nada han estado formando parte de nuestro "pequeño hogar". Empieza una nueva etapa para todos.
Hay fantasmas que se acercan para ver cómo estás, aparentemente podría dar la impresión de que se preocupan por ti, si te duele algo o si te has lesionado la espalda entrenando demasiado. Son fantasmas androides que se comportan así con todo el mundo, son espectro-robots que están programados para ser amables, su dedicación hacia ti no está motivada porque tú seas especial, sino que simplemente entra dentro de su código binario de cortesía aséptica. Lo peor es cuando olvidas esa regla de su funcionamiento mecánico y crees que has conseguido llegar hasta su engranaje interior, pero es falso, no eres más que un número para ellos. Arriesgas e intentas acercarte un poco más, es entonces cuando se evaporan. Te das cuenta de que son intangibles. En ocasiones yo también quisiera volatilizarme...
Algunos de mis grandes mitos caídos: - en la infancia: los Reyes Magos son de carne y hueso, los niños no vienen de París, el hombre del saco no te va a llevar si no te comes la merienda. - en la adolescencia: el príncipe azul no existe, tu mejor amigo/a y tú ya no sois inseparables porque se ha echado novia/o. - recientemente: si deseas con insistencia algo al final se acaba haciendo realidad... ¡Ilusa!
Algunos de mis grandes mitos caídos: - en la infancia: los Reyes Magos son de carne y hueso, los niños no vienen de París, el hombre del saco no te va a llevar si no te comes la merienda. - en la adolescencia: el príncipe azul no existe, tu mejor amigo/a y tú ya no sois inseparables porque se ha echado novia/o. - recientemente: si deseas con insistencia algo al final se acaba haciendo realidad... ¡Ilusa!
"En pocas palabras tener CARISMA es no preocuparse por lo que piensen los demás y tenernos a nosotros mismos en un alto concepto para que nuestro desempeño en la entrevista sea el óptimo, es decir, justo como nosotros somos sin tener que fingir".
He leído esto en un artículo sobre actitudes y aptitudes en entrevistas de trabajo pero creo que se podría aplicar perfectamente a la vida en general.
Set me burning After years in deep freeze My body is yearning For a new lease on life Add a little spice
Set me free Remotivate me
Give me a reason To scream and shout Give me something To get excited about When everything is looking dull I'm sure it isn't impossible to
Set me free Remotivate me
Don't think I'm impatient Because I'm willing to wait But something must happen Before it gets too late It could be my imagination But wasn't there more than this numb sensation
Ayer empecé en serio a enviar currículums, siento un poco de vértigo, como me pasa siempre con las etapas que suponen grandes cambios, el dichoso miedo a lo desconocido. Quizás ahora, cuando existe la posibilidad de que me vaya de Madrid si encuentro algo mejor en el norte, es cuando realmente me pregunto si quiero dejar esta ciudad sin haberla disfrutado al cien por cien.