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Sin apenas haber dormido, por razones que otro día contaré, os comento que por fin tengo un ordenador desde el que poder escribir con frecuencia, al menos por ahora. Terminé la etapa (por decisión mutua y ahorro los detalles por no removerlos) en un curro-secta en el que me encontraba completamente anulada y absorbida. Erré en la elección pero porque me engañaron asegurándome un buen ambiente de trabajo. Un cúmulo de despropósitos, entre ellos la envidia hacia mi persona, cuyas causas no conseguí entender, de la que fui informada directamente por la responsable de RRHH.
Tengo que pasar página cuanto antes, puesto que todo lo que ha ocurrido no ha sido motivado por mi competencia profesional (a la que por supuesto no podían poner ninguna pega ya que no existían motivos y tampoco se lo hubiese permitido puesto que nadie lo ha hecho nunca hasta ahora) sino a "no entrarle por el ojo" (y prefiero no ser vulgar pero en la expresión encuentro bastante con lo que replicar) a la responsable del departamento. Una nueva vuelta de tuerca al tema manido de ser lo que los demás quieren que seas (incluyendo el cinismo y la crítica gratuita a discreción) o ser tu misma. Por supuesto de sobra sabéis que mi elección me ha llevado a entrar de nuevo en la rueda de la búsqueda de empleo...
En estos cuatro meses apenas he escuchado música, completamente desganada había días en los que ponía un CD y lo terminaba parando a los diez minutos como si me molestase su sonido. En ese punto me encuentro ahora, he abandonado el mundo de la actualización informativa musical diaria, ignoro si han salido discos nuevos de tal o cual grupo, no conozco la canción que todo el mundo tararea y me da mucha pereza recuperar el tiempo perdido.
Supongo que el primero de los festivales de verano que tendrá lugar en Madrid este fin de semana me ayudará un poco con esos "deberes" pendientes.
Nos vemos allí.
Amenaza tormenta, el cielo está a punto de partirse en dos... yo con él.
Gotean las nubes, arrojan lágrimas con violencia sobre mi, se mezclan con las mías y me arañan la cara.
Trato de resguardarme sin conseguirlo, corro, huyo, siempre hacia delante, pisando los charcos de miserias propias y ajenas derramadas por el suelo.
Luces cegadoras en el horizonte iluminan fugazmente la ciudad mientras yo me sigo debatiendo entre tinieblas.
Y con él nuestras rutas nocturnas por Madrid. El invierno fue bastante duro, abrigarse era insuficiente si permanecías estático o sentado en cajas más de 15 minutos pero desde que ha comenzado a hacer bueno no hay nunca tiempo suficiente para charlar y escucharles todo lo que quisiéramos.
Resumiendo el año diré que he conocido auténticos superhéroes, con infinitas historias por contar, con arrugas por fuera y por dentro que confirman que no tienen un día a día fácil pero sus altibajos podrían ser perfectamente los míos o los tuyos. He aprendido a mirarles con el respeto que merece siempre una persona sabia, porque son auténticas eminencias en la escuela de la vida. Se ha creado un vínculo y sé que cuando pase por tal o cual calle me encontraré con C., E., R.,... y me pararé un rato a su lado para saber cómo les va todo.
Quizás esta semana se concreten un poco más mis perspectivas profesionales. Prefiero contarlo cuando esté firmado por si acaso se transforma en arena y se cuela entre mis dedos.
Por lo demás éste ha sido un fin de semana musical, ayer nos reunimos un grupo de "incondicionales de festivales" (¡a algunos no les veía desde hacía exactamente un año!) para plantarnos en el césped del parque Juan Carlos I y disfrutar delante de un escenario. No éramos muchos, a diferencia de la edición del año pasado, así que nos situamos en las primeras filas durante toda la tarde-noche. Lo mejor (aunque reconozco que mis gustos esta vez difieren bastante de los de la mayoría de los presentes) fue el directo de Sexy Sadie, tengo predilección por los mallorquines y su último disco me parece estupendo, el del Columpio Asesino (cuya actuación coincidió con la de Paul Weller por lo que estábamos los que éramos)y como colofón Surfin Bichos, a los que nunca había tenido la oportunidad de escuchar en directo.
En un par de semanas nos veremos de nuevo las caras en el Summercase.

"Sé que en algún lugar del mundo, existe una rosa única, distinta de todas las demás rosas, una cuya delicadeza, candor e inocencia, harán despertar de su letargo a mi alma, mi corazón y mis riñones.
(...)
Existe... rodeada de amapolas multicolores, filtrando todo lo bello a través de sus ojos aperlados, cristalinos y absolutamente hermosos..."
El Principito.
Cuando algo que habías deseado tanto se planta de repente delante de ti puede que no lo reconozcas, podrás pensar que es una alucinación febril más.
Yo lo negué tres veces... o más y, a pesar de haber podido tocarlo con las yemas de mis dedos, todavía no sé si estoy soñando.
De nuevo el ángel (o demonio) racional quiso hacer de las suyas, intentó traicionarme convenciéndome de que todo era un espejismo inventado por mi desesperación. Puse el freno, traté de vallar el campo, todo fue inútil.
Aquí estoy ahora, en una montaña rusa, dando vueltas con el estómago encogido, mezcla de pavor y emoción. Si me caigo, todo es posible, recordaré lo vivido y simplemente sonreiré.

Pasado mañana es el de mi hermano. Será bastante raro para mi madre que esté tan lejos en esa fecha, lo sé. También para mi. Le he escrito un mail contándole un rollo sobre cómo va mi vida últimamente, supongo que será de lo más rutinaria (a pesar de los tumbos que ha dado en estos cuatro meses) comparada con la suya.
Eso sí, tras los comentarios de rigor sobre fútbol que no podían faltar, no he podido dejar de recomendarle un festival de música que he descubierto que se hace en agosto cerca de Budapest (http://www.sziget.hu/festival_english) con un cartelazo impresionante porque, entre otros, ¡toca RADIOHEAD!
Este fin de semana se celebra en Madrid el Orgullo Gay (http://www.elmundo.es/metropoli/2006/06/26/musica/1151317541.html ), para mi no es una fiesta cualquiera, haber vivido durante casi dos años en la mismísima plaza de Chueca implica que la siga disfrutando como si la calle Pelayo y alrededores fuesen todavía mi barrio.
Recuerdo que, tras el pregón a mitad de semana en el centro neurálgico de la ciudad estos días, comenzaba el espectáculo que se prolongaba hasta casi la una de la madrugada, era imposible no unirte a él ya que estuvieses donde estuvieses (incluido el patio de la cocina que era la parte más interior de la casa) oías la música. Eso sí, el viernes asumías que esa noche no ibas a dormir nada y el sábado que ya no podrías entrar en el portal porque la masa de gente te lo impediría hasta la mañana siguiente. Es curioso como algo que puede resultar molesto en un momento se puede echar de menos con el tiempo.
Siempre que paseo por esas calles, sean o no estas fechas, las considero como un poco “mías”, quizás sea porque me he sentido un poco parte de ellas, de su bullicio, de sus molinillos de colores, de sus tiendas, de su gente, de su extravagancia, ...
He disfrutado mucho viviendo ahí, sobrevolando los tejados con la mirada desde esa terraza de un quinto y soleado piso de alquiler.
Todavía no se ha concretado nada de mi futuro incierto. En teoría iba a ser hoy pero me han llamado para aplazar la cita hasta el lunes. No me gustan esos cambios de planes. Me obligan a modificar los míos. Pensaba marcharme el domingo por la noche y desconectar de aquí al menos una semana. Quizás lo que más me preocupe es que todavía está todo en el aire. Tengo además otra oferta a la que sin falta contestaré hoy que también me parece interesante pero que voy a rechazar, ¿y si me vuelvo a equivocar? ¿y si elijo de nuevo un camino que no me lleva a ninguna parte?, ojalá pudiese espiar por la mirilla de mi futuro y saber lo que me está esperando al otro lado de la puerta.
La incertidumbre es algo que me desconcierta mucho, saber por dónde ando o hacia dónde voy para estar más tranquila. Ayer exterioricé este nerviosismo con quien no tenía culpa de mi susceptibilidad a flor de piel, pedí perdón pero es que odio ese tipo de arrebatos incontrolables que en ocasiones se apoderan de mi porque me recuerdan a alguien a quien no quiero parecerme.
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